Hubo en el tango, allá en sus comienzos, una serie de títulos que hoy llamaríamos transgresores. Generalmente expresaban una segunda intención que seguramente escandalizaría a la moral de la época. Quedaron, sin embargo, como graciosos testimonios de un tiempo lejano.
De 1890 aproximadamente, es el tango de Don Pedro Quijano ¡Qué polvo con tanto viento!. Posteriormente surgirían tangos como Tres sin sacar o El 69. Generalmente estos tangos se editaban con una ilustración en su carátula que tenía un carácter equívoco. Así, en Afeitate el 7 que el 8 es fiesta, podía verse un almanaque en el que caía la hoja del día 7 y se dejaba ver la del 8. Un tango de Lagomarsino, Va Celina en la punta, es otro ejemplo, ya que en la carátula se veía una yegua de nombre Celina, ganando una carrera en el hipódromo; la lectura del título daba otra impresión. Hay un tango de Terés titulado Tocame La Carolina, en la carátula el dibujo representa a una pareja sentada en un sillón, al lado un piano, en el atril una música titulada La Carolina, el hombre a la vez algo le está diciendo a la dama; la duda está en que si lo que dice el hombre es el título de la obra o le está diciendo: Tocámela, Carolina.
La lista es larga y subida de tono para aquella época, una selección de groserías disfrazadas aflora en infinidad de tangos primitivos, que seguramente serían interpretados en prostíbulos. Ernesto Zóboli da a conocer un tango en 1905, que se titula Hacele el rulo a la vieja, la sustitución de rulo daría el verdadero sentido a este tango. Y qué decir de Cara sucia, que su título original sería la sustitución de cara. Su autor sería un músico hoy olvidado, que murió en la miseria: el Negro Casimiro, violinista.
En 1901 Manuel Campoamor da a conocer un tango que alcanzará rápida fama La c… de la l… La ascendente popularidad del tango, ante la necesidad de su publicación hizo que el título pasara a ser el romántico La cara de la Luna.
Concluimos con esta incompleta lista de tangos primitivos con títulos de doble intención con Tocámelo que me gusta, de Mazzoni; El fierrazo, de Macchi, y ¿Dónde topa que no dentra?, de Gobbi.